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La batalla por la supremacía tecnológica : EE. UU. vs. China Francisco Márquez de la Rubia [Recurso electrónico]

Por: Tipo de material: TextoSeries Documento Análisis ; 23/2025Detalles de publicación: Madrid : Instituto Español de Estudios Estratégicos , 2025Descripción: 44 pTema(s): Recursos en línea: Resumen: A lo largo de la historia, la ventaja tecnológica ha sido un factor decisivo en el resultado de conflictos y guerras. Desde la invención del arco y la flecha hasta la llegada de la pólvora y, más recientemente, las armas nucleares, aquellos que han logrado desarrollar y dominar tecnologías avanzadas han obtenido una clara superioridad en el campo de batalla. Esta supremacía tecnológica no solo ha permitido a los ejércitos superar a sus adversarios en enfrentamientos directos, sino que también ha influido en la estrategia militar y en la capacidad de los Estados para proyectar poder más allá de sus fronteras. La Revolución Industrial marcó un punto de inflexión, ya que las potencias que lograron industrializarse rápidamente pudieron producir en masa armas, vehículos y otras herramientas de guerra, superando a aquellos que quedaron rezagados en el desarrollo tecnológico. Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, la capacidad de Estados Unidos y sus aliados para innovar en áreas como la aviación, la criptografía y, finalmente, la energía nuclear, desempeñó un papel crucial en la derrota de las potencias del Eje. La superioridad tecnológica se tradujo no solo en victorias militares, sino también en la consolidación del poder político y económico a nivel global. En nuestros días, se libra una cruda batalla por la supremacía en el campo de los semiconductores, un componente esencial en prácticamente todos los aspectos de la tecnología moderna. Estos diminutos chips son el núcleo de los dispositivos electrónicos que impulsan las economías digitales, desde smartphones hasta centros de datos y sistemas avanzados de defensa. La competencia por dominar la producción de semiconductores ha escalado a un nuevo nivel, con Estados Unidos, China y otras naciones invirtiendo miles de millones de dólares en investigación y fabricación, conscientes de que la hegemonía en este sector podría determinar el liderazgo económico y militar en el siglo XXI.
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Bibliografía: p. 41-44

A lo largo de la historia, la ventaja tecnológica ha sido un factor decisivo en el resultado de conflictos y guerras. Desde la invención del arco y la flecha hasta la llegada de la pólvora y, más recientemente, las armas nucleares, aquellos que han logrado desarrollar y dominar tecnologías avanzadas han obtenido una clara superioridad en el campo de batalla. Esta supremacía tecnológica no solo ha permitido a los ejércitos superar a sus adversarios en enfrentamientos directos, sino que también ha influido en la estrategia militar y en la capacidad de los Estados para proyectar poder más allá de sus fronteras.

La Revolución Industrial marcó un punto de inflexión, ya que las potencias que lograron industrializarse rápidamente pudieron producir en masa armas, vehículos y otras herramientas de guerra, superando a aquellos que quedaron rezagados en el desarrollo tecnológico. Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, la capacidad de Estados Unidos y sus aliados para innovar en áreas como la aviación, la criptografía y, finalmente, la energía nuclear, desempeñó un papel crucial en la derrota de las potencias del Eje. La superioridad tecnológica se tradujo no solo en victorias militares, sino también en la consolidación del poder político y económico a nivel global.

En nuestros días, se libra una cruda batalla por la supremacía en el campo de los semiconductores, un componente esencial en prácticamente todos los aspectos de la tecnología moderna. Estos diminutos chips son el núcleo de los dispositivos electrónicos que impulsan las economías digitales, desde smartphones hasta centros de datos y sistemas avanzados de defensa. La competencia por dominar la producción de semiconductores ha escalado a un nuevo nivel, con Estados Unidos, China y otras naciones invirtiendo miles de millones de dólares en investigación y fabricación, conscientes de que la hegemonía en este sector podría determinar el liderazgo económico y militar en el siglo XXI.

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